A la aventura en moto recorriendo el Matarraña

Hacía ya algún tiempo que quería hacer un viaje de verdad. Uno de esos en los que sabes cuándo sales de casa, pero no tienes fecha de vuelta. Dentro de los tres días libres de los que disponía, claro.

La zona elegida fue el Matarraña, en Teruel y, aunque tenía pensado pasar por algunos pueblos el resto del viaje estaba abierto a la aventura y al azar.

A los que seguís el blog os diré que hace unos meses me animé a publicar mis viajes y rutas en YouTube. Este que cuento fue uno de los primeros.

Me atrajo la idea de escribir el relato del viaje y documentarlo también en vídeo. Así tenéis disponibles las dos opciones y podéis disfrutar la que más os guste.

Os invito a visitar el canal y a que os suscribáis si os gusta. Estaría encantado de que así fuese. Este es el enlace.

https://youtube.com/c/viajaenmotoydisfrutaViajarenmoto

Bueno. A lo que vamos.

Salí de casa tras varios días preparando mi viaje.

Un mapa de papel, tienda de campaña, un saco de dormir, algo de ropa, un hornillo para cocinar y algo de comida. Bueno, una silla plegable también llevé, que alguna comodidad se agradece en ciertos momentos. Eso, además de mucha ilusión fue todo.

La primera sensación que me invadió a los pocos kilómetros de rodar en moto fue la de ser dueño de mi tiempo. Tenía tres días por delante y plena libertad para recorrer lo que quisiera. No tenía obligación de llegar a comer o dormir a ningún sitio.

Por donde me pareciese mejor, por allí iría. Cuando llegase el hambre, entonces comería. Donde me alcanzase la noche, allí dormiría. Esa sensación me provocaba una paz interior y un bienestar que pocas veces se siente.

Se me ocurrió que, como no tenía ninguna prisa podría dirigirme al Matarraña siguiendo el antiguo trazado del tren de Utrillas. Opción que me permitía la moto que llevaba en esta ocasión. Una Royal Enfield Himalayan.

El tren de Utrillas cubría el trayecto entre Zaragoza y las Cuencas Mineras de Teruel y, además de para transportar el carbón que allí se extraía daba también servicio ferroviario a las poblaciones que atravesaba allá por 1904

Gran parte de esta infraestructura ya ha desaparecido, pero aún quedan unos cuantos kilómetros transitables.

A lo largo de los tramos que todavía se pueden recorrer quedan en pie las viejas estaciones y apeaderos, además de depósitos de agua que, junto con el carbón alimentaban las calderas de los trenes de vapor.

No me costaba nada imaginar cómo serían en su día aquellas estaciones, cuando las gentes de hace más de un siglo esperaban la llegada del tren que les llevaría de viaje a la capital. Entre aquellas personas, alguna vez estuvieron mis abuelos.

Aparte de los edificios ferrroviarios, quedan en pie restos de lo que fueron puentes. Algunos de ellos salvaban grandes desniveles y barrancos.

Uno de estos restos lo encontré en el lugar llamado Foz de Zafrané. Un paraje impresionante.

Allí encontramos una gran pilastra que sujetaba el puente por el que pasaba el tren.

En los años 60 del siglo pasado el Tren de Utrillas dejó de ser rentable y se desmanteló. Raíles, traviesas de la vía… todo lo que se pudiese vender como chatarra o material se arrancó sin piedad.

En la Foz de Zafrané se le ocurrió a algún lumbreras que la mejor forma de desmantelar el puente era dinamitar la pilastra. Así sería más fácil.

Se pusieron cargas de dinamita en las cuatro esquinas de la inmensa columna y se hicieron estallar.

Por suerte, la pilastra se construyó en una época en la que las cosas se hacían para durar. Todo macizo. Allí sigue, sin sus cuatro esquinas en la base pero en pie.

Continué mi viaje por lo que en su día fue vía de tren hasta Belchite. Quería pasar por el tramo en el que, según me contaron estuvo trabajando mi bisabuelo en la construcción.

Poco a poco iban pasando los kilómetros y las horas. Llegó un momento en que una de esas horas que pasaban fue la de comer. Eso sucedió llegando a Alcañiz.

La Nacional 232 pasa junto a un embalse llamado La Estanca, junto al circuito de Motorland. Había pasado muchas veces por allí, pero nunca había parado.

Unos momentos antes de parar en La Estanca sólo tenía mi moto y el equipaje que había cargado. De repente pasé a tener una cocina con vistas y un precioso salón comedor con su mesa y sus bancos en los que descansé y comí.

Ni en el más lujoso restaurante habría estado más a gusto. Hasta un café me preparé.

Sera es una gran persona y motero a quien recientemente había conocido poco antes de comenzar este viaje. Como el vive en Alcañiz y yo estaba cerca le envié un WhatsApp para saludarle. Le faltó tiempo para contestar diciendo: “Espera, que voy con la moto y te enseño unos cuantos sitios por aquí”

Empecé este viaje con la única expectativa de disfrutar con lo que encontrase por el camino, pero cada cosa que me iba encontrando superaba a la anterior. Ahora tenía un anfitrión de lujo que me llevó a recorrer unos lugares increíbles y que difícilmente habría descubierto por mi cuenta.

Fuimos por caminos a ver La Salada de Alcañiz. Una laguna salitrosa que forma un paisaje precioso con el entorno.

Visitamos pueblos de los más bonitos de España. Como La Fresneda.

Llegamos hasta algunos parajes naturales de esos que cautivan y te hacen sentir feliz solo por estar ahí y poder disfrutarlos, como el que se ve en las fotos. El Salt.

Pasamos, cómo no por Valderrobres. Capital del Matarraña y pueblo bonito donde los haya.

Conforme avanzaba la tarde llegamos también a Beceite. Otro pueblo precioso con maravillas naturales por sus calles.

De todos los pueblos que vimos no sabría decir cual es el más bonito.

En Beceite nos alcanzó el final del día. Sera tenía que volver a su casa y yo buscar un lugar donde pasar la noche.

No era esto último tarea fácil. Por la época del año, recién empezada la primavera y por el año pandémico. Se podía circular y viajar libremente, pero casi todo estaba cerrado y había mucho recelo hacia los viajeros y desconocidos.

Decidí hacer noche yo solo en el bosque. Dormir al raso. Esta era una idea que llevaba en mente desde hacía tiempo y que en este viaje, con los camping cerrados aún y los pequeños hoteles de la zona con dudas pude hacer realidad.

La idea era montar un tarp, que no es otra cosa que un trozo de tela que hace de techo, sujetarlo entre la moto y el suelo y pasar allí la noche metido en el saco.

Lo malo fue que nunca había montado un refugio así y me quedó una chapuza de lo más penoso. Eso y que al caer el sol comenzó a hacer mucho frío.

Al final el tarp lo utilicé como funda para la moto y monté la tienda de campaña que llevaba por si acaso.

Allí mismo me preparé algo para cenar y entrar en calor. No tardé mucho en meterme al saco de dormir.

La noche estaba preciosa, con el cielo completamente despejado y una luna llena que iluminaba todo. Estuve disfrutando de aquel paisaje nocturno hasta que el frío, cerca estábamos ya de cero grados, me hizo tiritar. Momento de resguardarme al calorcillo de mi refugio.

Una vez metido en el saco empecé a entrar en calor y a estar a gusto. Me quedé dormido recordando los lugares tan bonitos que había visto por la mañana y los que me enseñó Sera por la tarde.

Hay quien me pregunta: ¿Pero cómo eres capaz de dormir tú solo en el bosque?¿No te da miedo?

Yo siempre digo: ¿Miedo? ¿A qué?

Personalmente creo que ese miedo del que hablan proviene de algunas películas que sacan partido del género del terror.

Si lo analizo, lo único que puede pasar por en medio del bosque por la noche son animales y personas.

Los animales hace mucho que aprendieron que si se acercan al ser humano poco bueno les puede pasar. No nos quieren cerca y huyen de nosotros. En cuanto a las personas, no hay muchas que se metan al bosque por la noche. Menos aún con tanto frío. Pero si alguien hubiese pasado por donde yo estaba, seguramente habría sentido miedo de acercarse a un loco que estaba durmiendo allí. Así es el miedo.

Si que es cierto que me desperté varias veces. Se oía un constante croar de ranas que a veces, de repente se callaban todas a la vez. Eso me despertaba.

Otras veces se oía algún crujido de ramas. Probablemente por algún animal que pasaba por allí o que se acercaba a curiosear y luego seguía haciendo sus cosas de animal.

En general pasé una buena noche y fue una experiencia que me dejó ganas de repetir.

Pues este fue mi primer día en este viaje. Espero que te haya gustado mi pequeña aventura.

Dentro de poco te contaré el segundo día, que también fue muy interesante.

Recuerda que puedes ver el vídeo de lo que te acabo de contar. No me tengas muy en cuenta que fue uno de mis primeros vídeos hablando a la cámara y aún estaba muy tímido. Ahora ya me he soltado un poco. Te dejo aquí el enlace por si lo quieres ver y, me haría muy feliz si te suscribes.

Dioni Salavera

2 comentarios sobre “A la aventura en moto recorriendo el Matarraña

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