Cuando a tu mujer no le gusta que tengas moto.

Si alguien preguntase a nuestras mujeres qué les parece que tengamos moto, pocas pondrían buena cara. En la mayoría de los casos, incluido el mío, preferirían que abandonásemos las dos ruedas. Salvo unos pocos afortunados, la mayoría no tiene tan fácil conseguir tener moto o cambiarla por otra. Esta realidad hace, en muchos casos, que tengamos que recurrir a triquiñuelas para alcanzar nuestro propósito de cambiar de montura o, más difícil todavía, comprar la primera moto teniendo ya pareja.                                 Hoy voy a contar los trucos a los que he recurrido yo y los de algunos amigos, pero que esto quede entre nosotros.

En mi caso, siendo adolescente, tuve que convencer primero a mis padres para poder tener moto. Mi padre ya la había tenido en su momento, tal vez por eso al principio no le hacía gracia que yo quisiera iniciarme en este mundillo. Ahora que tengo hijos me sucede lo mismo a mi.

Cuando conocí a mi mujer yo tenía ya mi segunda moto, una Kawasaki GPZ 500 S (Kawasaki EN 500 en Estados Unidos). A ella no le gustaba esa motocicleta. En realidad no le gustaba ninguna, pero al poco tiempo de conocerla cambié mi GPZ por una Vespa 200. Yo creo que empezó a venir conmigo en la Vespa porque no la consideraba moto, le hacía gracia. El caso es que así, casi sin darse cuenta empezó ir de pasajera motera.

Mientras fuimos novios y después de casarnos nos movíamos con la Vespa por la ciudad e incluso hicimos algún viaje, hasta que llegó nuestra primera hija. Desde entonces perdí mi pasajera copiloto hasta hace poco tiempo.

Pasaron unos años y yo quería volver a tener una moto de verdad, pero, a la vez quería conservar mi querida Vespa. ¿Cómo lo haría, si ella ni quería oír hablar de comprarme otra máquina aún vendiendo la que ya tenía?

Primera triquiñuela motera.

Yo iba a trabajar en moto y tenía que hacer un tramo de autopista. Por años fui con la Vespa sin problema, podía ir a 100 kilómetros por hora por el carril derecho y los camiones me servían de protección. Esto fue así hasta que un día se modificó la autopista de forma que en dos tramos tenía que colocarme en el carril izquierdo. Claro, a cien por hora en aquella pequeña moto no siempre era fácil cambiarse a ese carril por la velocidad que traían los coches. Pues esto es lo que utilicé para la primera parte de mi plan, empezar a decir: Esto es muy peligroso… cualquier día me va a pasar un coche por encima… para ir por aquí hace falta una moto que pueda ir a la velocidad del tráfico… etc. Así conseguí comprarme la GS 500, que siempre me había gustado.

La primera parte de mi plan ya estaba conseguida, pero ahora tenía que vender la Vespa. El caso es que yo no me quería deshacer de ella. ¿Cómo lo haría? Solución, “vendérsela” a mi hermano.

Así pasó un tiempo, yo con mi GS 500 y la Vespa bajo control seguía en mi garaje, hasta que llegó un momento en que mi hermano se quería desprender de ella. Esa fue mi ocasión para recuperarla. Apelé a lo sentimental: Esa moto es muy especial para nosotros… no puede ir a manos extrañas… etc. Hoy nuestra Vespa es casi una más de la familia, le tenemos mucho cariño después de veinticinco años con nosotros.

Así pasaron también los años, feliz con mis dos motos. Hasta que empecé a pensar en que ya era hora de tener una gran moto. yo quería una Pan European 1300, pero no quería desprenderme ni de mi japonesa ni de mi italiana. Como la vez anterior mi mujer no quería ni oír hablar del asunto. ¿Cómo lo solucionaría esta vez?

Segunda triquiñuela motera.

En esta ocasión me empecé a quejar de que con mi estatura se me quedaba pequeña de tamaño la GS… que tenía que ir con las piernas muy encogidas… que ya tenía que ir pensando en una moto de adulto… etc. Además miraba a todas horas anuncios de venta de Pan European.

Llegó el verano y mi mujer se fue de vacaciones a la playa con nuestros dos hijos. Yo como tenía que trabajar me quedé solo en casa.

Para que no me aburriese me dejaron faena para hacer en el hogar. Alguna pequeña reforma, pintar… Resumiendo, que hice todo con mucho esmero y me compré la Pan sin avisar. Al día siguiente de llegar la familia a casa yo tenía que ir a buscar mi nuevo juguete, vamos, que ya estaba todo hecho.

La verdad es que ella se enfadó un poco, pero mucho menos de lo que yo esperaba y, cuando vio la nueva moto le gustó tanto que el enfado se le fue. Solo me puso la condición de que tenía que vender la GS 500, y eso fue lo que hice… se la “vendí” a mi hermano. De momento aún la tiene.

El caso es que ahora, además de la Pan European, me gustaría tener una trail…

Otras triquiñuelas moteras.

Mi hermano, el pequeño, que fue quien se quedó la Suzuki ya estaba casado en ese momento. A su mujer tampoco le gustan las motos, así que también le tuvo que convencer: Si yo me llevo el coche tu te quedas incomunicada… con una moto podemos tener los dos vehículos en el mismo garaje… además puedo aparcar donde sea en la ciudad… etc. Seguro que ya os hacéis una idea.

Solo hubo un problema. Que mientras iba convenciendo a su consorte,el ya tenía mi moto escondida en mi garaje. La cosa se complicó un poco cuando se quemó en la pierna con el tubo de escape y, claro, tuvo que confesar.

Casi al mismo tiempo mi otro hermano convenció a su mujer de que lo mejor sería comprarse una Pan European 1100, con los mismos argumentos. Bueno, el también se lo fue vendiendo una vez que la operación de la compra ya estaba hecha. Y así es como los tres hermanos tenemos motos, yo desde mi adolescencia y ellos dos más recientemente.

Tengo también dos amigos cuyo nombre y máquina no mencionaré con el fin de preservar su integridad física y que también hicieron sus triquiñuelas para tener moto uno y para tener una más el otro.

El primero compró otra moto más para su garaje sin decirle nada a su esposa. El, en este caso recurrió a guardarla en casa de su sobrino hasta que llegó el momento oportuno para contarlo en casa. Lo cierto es que hizo bien, porque fue una muy buena oportunidad y había que actuar rápido. Luego, con tiempo fue preparando a su consorte poco a poco hasta que pudo llevar la nueva moto a su casa. La operación salió bien y hasta la fecha no ha tenido ningún problema.

El caso del segundo amigo tiene más miga. Empieza de forma parecida al anterior, compró la moto y la escondía en el garaje de su hermano. Con el tiempo este también encontró el momento oportuno para hablar con su mujer y llevar la nueva adquisición a casa. Pero ella le puso una condición que el aceptó. Esta fue que si le ponían una multa por exceso de velocidad tendría que vender la moto, cosa en la que él estuvo de acuerdo.

Lo malo es que la multa por exceso de velocidad llegó, aparte de la sanción económica se quedó sin carné de conducir durante un año. ¿Cómo solucionaría ahora el tema para no tener que vender la moto? Fácil. Le dijo a su mujer que la multa se la pusieron con el coche y ya está. Ya ha recuperado el carné y sigue con su moto.

Estos son solo algunos ejemplos de los trucos a los que recurrimos a veces para seguir siendo moteros o comenzar a serlo.

Con esto no quiero decir que seamos capaces de engañar a nuestras parejas. Ellas son mucho más largas que nosotros y cuando nosotros vamos ellas ya están de vuelta. Pero a veces, con la picaresca a la que recurrimos se dan cuenta de lo importante que es para nosotros nuestro propósito y dejan que creamos que nos hemos salido con la nuestra.

Por otro lado deberemos asumir que tendremos que compensar el haber conseguido lo que queríamos, no lo olvidemos.

Estoy seguro de que a vosotros estas historias no os parecen extrañas ni muy lejanas.

Y ahora, ¿Cómo habéis conseguido vosotros tener moto? o, si la habéis cambiado, ¿Cómo lo habéis hecho? Suponiendo que no seáis uno de esos pocos afortunados cuya mujer está encantada de que se compren motos o que las cambien, claro.

Si queréis lo podéis contar, pero recordad, que esto quede entre nosotros.

Dioni Salavera Villamañan

5 comentarios sobre “Cuando a tu mujer no le gusta que tengas moto.

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  1. Cuanta complicidad entre morteros y familia para esconder motos durante meses….aunque se de casos que la realidad supera la ficción… buen artículo …si hay alguna esposa puede comentar su experiencia también… jaja😎

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  2. Se te ha olvidado decir que cuando me vendiste la GS, como sabía que si le pedía permiso a Sara me diría que no, me la compré sin decirle nada y la estuve guardando dos o tres semanas en tu garaje…hasta que un día guardándola me quemé la pierna con el tubo de escape y al ser ella enfermera tuvo que curármela durante varios días…menuda bronca.
    Tiempo después, cuando ya la guardaba en mi garaje, me confesó que cada vez que ella aparcaba el coche, al pasar por delante le pegaba una patada a la moto, jajaja
    Y ve mirando lo de cambiarte de moto, que a mi en la GS tb me duelen las rodillas 😛 . De todas las motos que has tenido, menos la GPZ he heredado o comprado la XL, la Vespa, la GS, y a lo mejor va siendo hora de tener una Pan European…



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