Viajando a la antigua usanza

Muchas veces he dicho que el viajar en moto no depende solamente de disponer de tiempo libre para ello, es más una cuestión de organizarse y de aprovechar cualquier ocasión que se presente para hacer aquello que nos gusta.
La ocasión la pitan calva, dicen. En este caso, la oportunidad de realizar una buena ruta me llegó en forma de vacaciones de mi mujer y mis hijos. Vamos lo que popularmente se llama estar de Rodriguez.

Arco de la Villa en Belchite

Disponía de un día de fiesta entre semana, cosa que aprovecharía para ir a la playa a pasarlo con mi familia. Ya que iba a ir y volver yo solo, ¿Por qué no hacer el viaje en moto?

Y ya que en la moto no iba a llevar pasajero, ¿Por qué no ir con mi vieja y querida Vespa como solía hacer un par de décadas atrás?

Pues dicho y hecho. Salí un martes a las dos de la tarde nada más terminar el trabajo. Solos la Vespa y yo, con un bocadillo, agua y algo de ropa.

Momento de salir del trabajo. Comienza la aventura

El plan era realizar un viaje sin prisa, parando muchas veces para hacer fotos de lo que me gustase y también disfrutar del paisaje y de los parajes que encontrase por el camino.

Con la Vespa conviene buscar carreteras secundarias en las que sean escasos los coches que atosiguen con la impaciencia de muchos de sus conductores. Así que salí de Zaragoza por la carretera de Castellón y enseguida tomé el desvío hacia Belchite.

Llegando a Belchite

Belchite es el Pueblo natal de muchos de mis ancestros. Mis abuelos paternos y mi padre nacieron allí y tengo muy buenos recuerdos de niñez del lugar. Esta parada era pues obligada para tomar algunas fotos.

Arco de la Villa en el Pueblo Viejo

Me gustó aquella breve parada, aunque me dejó un sabor agridulce. Me dio pena observar el estado en el que se encuentran las ruinas del Pueblo Viejo. Recuerdo cómo en los años 70 casi todas las casas estaban en pie. Algunas de ellas, ya abandonadas se usaban como peñas de jóvenes durante las fiestas. Me acuerdo incluso de un Citroën antiguo que creo que perteneció al médico de la localidad y que estaba abandonado en la cochera de una casa de la Calle Mayor. Al final la casa se derrumbó sobre el coche, allí debe seguir, chafado.

Vista del Pueblo Viejo

En la Iglesia de San Martín, la que se ve en la foto, se casaron mis abuelos después de la guerra. Eso es una muestra del deterioro que ha sufrido en todos estos años. Mi padre nació en el Pueblo Viejo y allí estuvo viviendo la familia hasta 1959. Los últimos pobladores salieron de allí entrados ya los años 60.

Entonces, si la guerra terminó en 1939, ¿realmente estaba tan derruido el pueblo? Allí se vivió dos décadas después de terminar el conflicto. ¿Por qué presenta el estado actual el Pueblo Viejo de Belchite?

En la Guerra Civil se destruyó mucho, no cabe duda. Sin embargo, lo que más destruyó fue el abandono, la dejadez y la extracción de tejas, maderos y ladrillos para la construcción del pueblo nuevo y para lo que muchos particulares necesitaban para pequeñas reformas en sus nuevas casas.

Ahora hay un intento de conservar lo poco que queda, pero ha llegado demasiado tarde.

Seguí haciendo camino pasando por Lécera y Albalate del Arzobispo ya en Teruel. No paré en ninguna de las localidades, pero cuando la carretera me gustaba me detenía y hacía una foto.

Cerca de Albalate del Arzobispo

Lo curioso de viajar sin prisa es que el tiempo y la distancia parece que pasan más rápido.

Vista de Albalate

Dejé atrás Albalate y lo mismo pasó con Andorra, la de Teruel, Alcorisa y Mas de las Matas. Después hice una parada técnica en Aguaviva para repostar.

Tras llenar el depósito con cinco litros de gasolina y hacer la mezcla proporcional de aceite al 3% seguí hacia Zorita entrando ya en Castellón.

Para calcular la proporción de la mezcla de aceite y gasolina utilizo una fórmula. Te la digo porque te puede ser muy útil si tienes una dos tiempos sin engrase automático. Es muy fácil. Hay que multiplicar el número de litros de gasolina que has echado por el porcentaje que quieras multiplicado por diez.

Por ejemplo, para seis litros al tres por ciento sería: 6×30=180 Esos 180 serían los centilitros de aceite que tendrías que añadir a la gasolina. Si quieres al dos por ciento, pues 6×20=120 Así es fácil sacar la cuenta. Y si no, pues a tirar de calculadora del móvil.

Carretera entre Aguaviva y Zorita

Entre Aguaviva y Zorita la carretera es preciosa. Tiene muy buenas curvas y algunos tramos están recién asfaltados, con otros hay que tener cuidado. También hay que tener precaución con las curvas ciegas, no es raro encontrarte con un camión de frente ocupando parte de tu carril.

Si vas con tranquilidad podrás disfrutar del paisaje. Merece la pena tener tiempo para ir echando algún vistazo.

Por esta parte del recorrido decidí que ya era hora de comer algo. me metí por un camino que conducía hasta el río por el que iba viendo unas pozas muy tentadoras desde hacía rato.

Río Bregantes

El restaurante tenía unas vistas espectaculares. El menú tampoco estaba nada mal, bocadillo de jamón con pan crujiente.

Aquí me quedé nuevo

Una vez comido no me pude resistir y me di un baño que me dejó como nuevo en aquel día de calor. ¿Ves cómo viajar tranquilo tiene sus ventajas?

Hora de seguir

Hora de seguir. Me puse en marcha de nuevo, pero con tranquilidad. Paraba y hacía fotos cada vez que algo me gustaba.

Llegando a Zorita desde Aguaviva

Algunos tramos de la carretera están en peor estado, pero no me negarás que es bonita.

Santuario de la Virgen de la Balma

Se pasa por el Santuario de la Virgen de la Balma. Es un lugar muy bonito en el que además hay un restaurante. Aquí ya no paré y ya no pararía hasta avistar el mar.

Llegando a Oropesa desde Cabanes

Aún llegué con tiempo para darme otro baño, esta vez en la playa donde estaba mi familia esperándome.

Hasta aquí el viaje se me hizo muy corto, a pesar de que me costó casi cinco horas por las paradas. Lo cierto es que llegué relajado y como nuevo.

De paseo por Oropesa

Ya por la noche salimos a cenar y tomar algo. El día siguiente fue para disfrutar de la playa en familia.

Hora de partir

Hasta que llegó el momento de regresar. Hacía calor, por lo que decidí volver otra vez por el Maestrazgo, pero por otra zona. Decidí ir ganando altitud buscando aire más fresco. Me encaminé hacia el Coll de Ares.

Ares del Maestre

Este puerto es muy bonito. Tiene muy buenas curvas y buen asfalto, pero no esperes contar con la seguridad de un circuito. Lo mejor es ir fluido pero sin pasarte. Yo con la Vespa subí muy tranquilo. Entre otras cosas porque tampoco se le puede pedir más a la campeona.

Coll de Ares

El carril de subida estaba lleno de lo que parecía ser pulpa y cáscara de naranjas. Algún camión subió perdiendo parte de su carga esparciéndola durante toda la subida. Había operarios limpiándolo, pero allí tenían para rato.

En la cima del puerto está Ares del Maestre, a unos 1200 metros de altitud. Es un pueblo que recuerda un poco a Morella. Yo continué por carreteras secundarias e incluso terciarias hasta Forcall, pueblo que quería conocer.

Forcall

Paré en la plaza, que no estaba muy concurrida y disfruté tranquilamente de un café con hielo. Me gustó este pueblo, tiene unas vistas bastante bonitas dentro de su casco y por los alrededores.

Café en Forcall

Terminado el café era hora de seguir. Ya no hice ninguna parada hasta Andorra, localidad por la que había pasado el día anterior. Aquí eché gasolina otra vez. Salí de Oropesa con el depósito lleno y hasta Andorra solo consumió mi Vespa cinco litros. aparte de ir tranquilo, a unos 80 kilómetros por hora llevaba el viento a favor y había mucha bajada después del Coll de Ares.

Repestando en Andorra, la de Teruel

Aproveché el momento para hidratarme. Aquí ya empezaba a hacer calor otra vez. Ya no me quedaba mucho para llegar a casa. Solo paré una vez más para hacer otra foto.

Vistas llegando a Lécera

El paisaje iba cambiando. Ahora era casi desértico. Impresionaba lo seco que se veía todo hasta donde alcanzaba la vista.

Desde este lugar ya fui sin parar hasta llegar a mi casa en Utebo.

Llegada a Utebo

Al llegarme puse a hacer balance del viaje. El resultado fue tan positivo que estoy desando repetir la experiencia otra vez con la Vespa.

No es que me guste más que la Pan European. Es que con esta se viaja de otra forma distinta. Mas relajado, sin prisa, sin pensar en la trazada de cada curva. De hecho, cuando llegas a la curva te ha dado tiempo para pensar varias veces por dónde la vas a tomar. La verdad es que surgen menos oportunidades  para viajar de esta forma que me encanta.

Pues este fue mi viaje en Vespa. Espero que lo hayas disfrutado tanto como yo.

Dioni Salavera

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