Ruta por La sorprendente Rioja baja

Los Picuezos de Autol

La Rioja nunca deja de sorprender. Puedes elegir rutas acordes a tus gustos, que las vas a encontrar y, no solo eso, además te sorprenderá con más de lo que esperabas. La Rioja es infinita.

Hacía ya tiempo que teníamos en mente hacer una ruta en moto por esta zona. Pensábamos ir en otoño, pero al final por una cosa u otra no hemos podido realizar el plan hasta el invierno, lo cual no es ningún inconveniente.

Por cierto, si haces este recorrido en invierno llévate el bañador. Ya te he dicho que La Rioja es sorprendente, no? Vamos allá.

Momento de comenzar la ruta

Salimos de Utebo por la mañana con el depósito de gasolina lleno y muchas ganas e ilusión por descubrir lo que llevábamos tiempo queriendo conocer.

Tras poco más de una hora ya estábamos en nuestra primera parada del viaje. Autol, el pueblo en el que queríamos ver en la realidad lo que conocíamos por fotos. El Picuezo y La Picueza.

Llegada a Autol

El Picuezo y la Picueza son dos monolitos de arenisca que, a primera vista, impresionan por lo grandes que son. 42 metros de altura el primero y 28 la segunda. Cuando los ves por primera vez no puedes creer que sean reales. Parecen dos colosales figuras hechas de cartón piedra. Es increíble que en la naturaleza se puedan dar formaciones así, pero si, son naturales. Forman uno de esos caprichos con los que la naturaleza nos obsequia a veces.

Los Picuezos. (Autol)

No obstante existe una leyenda sobre la formación de este monumento natural. Se cuenta que una vez, un hombre y una mujer robaron sendos cestos de uvas, los ocultaron en sus ropas y fueron sorprendidos en su acción. Cuando fueron interrogados sobre el asunto dijeron: Que ahora mismo nos convierta Dios en piedra si lo que ocultamos son dos cestos de uvas robados.

Pues toma, ahí los tienes. La altura de los dos picachos es colosal y no se cansa uno de mirarlos.

Puente romano de Autol

Junto a los dos monolitos, en el parque junto al que discurre el río está lo que queda de un puente romano que cruza el Cidacos. Por lo visto alguna riada se llevó lo que falta de el y , posteriormente, fue reconstruido. Se deja notar la parte original y la que no lo es.

Uno de los paseos de Autol

Existen caminos hechos para pasear por el lugar, la verdad es que resulta muy agradable hacerlo.

Vista de Autol

El paisaje es de lo más pintoresco. Paseando por allí descubrimos algo que llamó nuestra atención. Te había dicho que La Rioja sorprende con más de lo que esperabas. Aquí tienes un ejemplo.

Ermita de la Virgen de la Cueva. (Autol)

Se trata de la Ermita de la Virgen de la Cueva. Nos llamó la atención por las pinturas barrocas al fresco de la entrada y, cuando nos acercamos para verla más de cerca encontramos al propietario que, amablemente nos invitó a verla por dentro.

Esta ermita está excavada en la roca. Nos contó el hombre que hace siglos vivieron allí monjes y posteriormente se usó como bodega. De hecho aún se podía vislumbrar en la oscuridad una antigua prensa para hacer vino y que debía llevar décadas en desuso. Actualmente es más un trastero que otra cosa y es una pena el deterioro que están sufriendo las pinturas.

Paisaje a la salida de Autol

Partimos de Autol con dirección al siguiente pueblo. Quel.

Escarpe y castillo de Quel

Lo primero que nos sorprendió de Quel fue el altísimo escarpe vertical junto al que está pegado, sobre el cual está su castillo.

En las fotos no se llega a apreciar lo alto que es en realidad este escarpe. Personalmente no estaría muy tranquilo viviendo debajo de él, pero supongo que los siglos que lleva ahí han dado a la gente la confianza para construir allí sus casas. De lo que no hay duda es de que es un pueblo digno de ver.

Probando las gordillas en Quel

En Quel aprovechamos para probar un manjar del que nos habían hablado. Las gordillas.

Se parecen a las madejas que comemos en Zaragoza, pero las hacen de distinta manera. Dentro de las múltiples recetas para cocinarlas, a nosotros nos las sirvieron con una salsa riojana ligeramente picante. Exquisitas.

El camarero nos dijo que a él le gustan más hechas a la brasa. Para otra vez intentaremos probarlas así.

Vista de Quel

Tras la degustación dimos un pequeño paseo por el pueblo y continuamos la marcha hasta la siguiente parada en Arnedo.

Cuevas en los montes de Arnedo
Monte con cuevas en Arnedo

Se conoce a Arnedo como la ciudad del calzado por la cantidad que allí se fabrica de este producto. A nosotros lo que nos chocó y por lo que paramos no fue otra cosa que la cantidad de cuevas excavadas en las laderas de cada montaña que veíamos, por muy abrupta que fuese esta. Seguramente se usaron como bodegas o almacenes con diferentes usos. Lo que más me cuesta imaginar es cómo llegarían a subir y bajar de allí, tanto al construirlas como al darles el uso que fuese. Con esta misma curiosidad seguimos hasta el siguiente pueblo. Herce.

Paisaje de Herce

Durante todo el trayecto en que transcurre la carretera paralela a esta sierra no deja uno de sorprenderse por la forma de las montañas, por el color de la tierra, por la cantidad de cuevas y por el clima.

Paisaje a la salida de Herce

Al ir recorriendo el Valle del Cidacos y sus poblaciones nos dimos cuenta de que estábamos al abrigo de los vientos. Desde que salimos de Utebo hasta poco antes de llegar a Autol nos fue azotando el cierzo que, además de soplar con cierta fuerza, venía frío. En cuanto nos empezamos a adentrar en este valle el viento desapareció y la sensación térmica era muy agradable por el sol. Así que no te de pereza ir allí aunque haga frío. Si el día es soleado vas a estar muy bien.

Desde aquí continuamos hasta Arnedillo, pueblo en el que hay un balneario y unas pozas en el río en las que mana agua caliente. Por eso te decía que no te dejes en casa el bañador y la toalla si vienes por aquí.

Pozas termales de Arnedillo

Ya los romanos descubrieron que en esta parte del Cidacos había manantiales de agua caliente y se dieron cuenta de los beneficios que esta tenía para la salud. Construyeron unas termas que aún se conservan y en las que todavía te puedes bañar, además no tienes que pagar por ello.

El agua sale a unos cincuenta grados centígrados y se va mezclando con el agua fría que corre por el río hasta alcanzar una temperatura simplemente perfecta para darse un baño.

Tomando un baño en una poza termal de Arnedillo

Y eso fue lo que hicimos. Nos metimos en una de las pozas que hay por allí y disfrutamos de un muy agradable y relajante baño termal al aire libre, en plena ruta invernal y viajando en moto. No es algo que se pueda hacer muy a menudo.

Resultaba muy curioso estar metido en el agua, sintiendo además el calor que esta desprendía incluso sin sumergirme, mientras, veía gente paseando con abrigo a unos metros de la orilla. Nos quedamos como nuevos tras el baño en el río en pleno mes de enero.

Ya había pasado un buen rato desde que comimos las gordillas en Quel, así que ya iba siendo hora de recuperar fuerzas otra vez.

De tapas en Arnedillo

A nosotros nos gusta comer pinchos y tapas cuando salimos de ruta. Si a esto le sumas que estábamos en La Rioja te puedes imaginar el paraíso culinario que nos pareció aquello. Tienes multitud de tapas exquisitas que saborear.

Puente sobre el Cidacos en Arnedillo

Nuestra corta estancia en Arnedillo nos dejó relajados y satisfechos. ¿Qué más se puede pedir?

Era hora de continuar haciendo camino. Retrocedimos hasta Arnedo otra vez para dirigirnos a otro pueblo que conocí hace algunos años. Cervera del Río Alhama.

Cervera del Río Alhama

La carretera hasta Cervera es muy bonita para ir en moto. Buenas curvas, buen asfalto…

Los paisajes siguen llamando nuestra atención, se salen de lo habitual sobre todo por las formaciones rocosas y por los colores.

Paisaje subiendo a San Felices

De Cervera fuimos a Aguilar del Río Alhama. Allí comienza un puerto de montaña de unos doce kilómetros de subida que nos introdujo en la provincia de Soria. Dejamos atrás La Rioja.

Puerto de camino a San Felices

La carretera es muy tranquila y solitaria en este puerto. No nos cruzamos con nadie. A poco más de mitad de puerto está San Felices, un pueblecito en el que hay bastantes casas de turismo rural.

San Felices

Paramos en San Felices y dimos un paseo por sus estrechas calles. Es uno de esos pueblos que, en algún momento casi se abandonaron y en los que ahora se van restaurando sus casas y descubriendo su belleza.

Iglesia de San Felices

Era buen momento para tomar un café. El único establecimiento que había abierto era el tele club. Aquí tiene uno la sensación de estar en la Soria profunda, donde el tiempo pasa a otra velocidad, más despacio, produciendo pocos cambios en la vida de la gente. Me encanta que queden lugares así.

Cartel del tele club de San Felices

Nos pareció muy curioso y acogedor el tele club. Había tres personas allí, dos jugando a las cartas y uno viendo el fútbol en la tele. Los tres se alegraron al ver entrar a dos personas que no conocían, se respiraba hospitalidad en el ambiente a pesar de la poca gente que había.

A nosotros nos hizo gracia descubrir, cuando pedimos el café solo y el cortado, que la cafetera era una Nespresso, con cápsulas, como las que tenemos en casa.

Tomando café en el tele club

Seguimos nuestro paseo de vuelta a la moto, descubriendo imágenes que ya es difícil contemplar. Lo que íbamos viendo nos daba pistas de lo tranquila que debe ser la vida por estos lares.

Dando un paseo por San Felices

Qué tranquilo estaba el animal hasta que nos vio. Parecía que le incomodara nuestra presencia mirándolo sorprendidos.

Paisaje de los límites entre Soria y La Rioja

Tras el paseo echamos un último vistazo al apacible paisaje antes de comenzar la vuelta a casa y ponernos en marcha. Ya no pararíamos hasta llegar a nuestro hogar.

Haciendo balance del viaje fue una experiencia muy gratificante. Vimos paisajes y lugares que se salen de lo habitual, nos bañamos en el río Cidacos en enero, comimos cosas muy ricas, conocimos gente de lo más amable, como un hombre que en Autol nos regaló unos calendarios con fotos del lugar y un chaval que hacía enduro y nos llamó, sin conocernos, para recomendarnos rutas por la zona, o el señor que nos enseñó la Ermita de la Virgen de la Cueva. También el camarero del bar Gladys, en Quel, que nos recomendó diferentes formas de cocinar las gordillas. Por último la gente del tele club de San Felices, que por un rato nos hicieron sentir como en casa.

Una experiencia para repetir o para descubrir. Totalmente sorprendente y recomendable.

Dioni Salavera Villamañán

4 comentarios sobre “Ruta por La sorprendente Rioja baja

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