Mi primer gran viaje en moto

Mi primera gran moto el día que la estrené.

Desde que lo más lejano en el tiempo que puedo recordar ya soñaba con tener una moto y viajar con ella. Un día por fin se hizo ese sueño realidad. Esta fue mi primera gran moto y este mi primer gran viaje con ella.

Guardo muy buenos recuerdos de este viaje. Fue en una época en la que no existían los teléfonos móviles ni el GPS o las cámaras de fotos digitales.

Todavía conservo la cámara que usé en este viaje. Me costó 500 pesetas en 1989, lo que hoy son tres euros. Había que llevar carretes que daban para 24 fotografías, también había de 36, pero decían que eran peores por el arrastre de la cámara. Cuando se gastaba un carrete había que rebobinarlo a mano, cambiarlo por otro nuevo y guardar con cuidado el usado. No se hacían tantas fotos como ahora, no había tantas ocasiones para hacer pruebas.

A mis 19 años, viajando yo solo esta fue una gran aventura que me dejó recuerdos imborrables.

Salí de mi casa en Utebo una tarde de agosto con mi Honda XL 125 cargada. Una tienda canadiense de seis plazas, un saco de dormir, una manta, una bolsa con algo de ropa, un pequeño hornillo de gas y el dinero justo en el bolsillo era todo mi equipaje. Bueno, también partí con mucha ilusión.

Como bolsa sobre depósito utilizaba una mochila del colegio de mi hermano que se adaptaba perfectamente.

El plan era recorrer la Costa Cantábrica comenzando en San Sebastián.

Al atardecer llegué a San Sebastián con la idea de acampar en el Camping Igueldo, cosa que no fue posible. Eran las fiestas, semana grande y no quedaba ni una plaza libre en los alojamientos de la ciudad. No me quedó otra que seguir haciendo camino. Así llegué hasta Orio.

En Orio también estaba el camping lleno, pero junto a este, muy cerca de la playa había una explanada con hierba en la que un par de viajeros que se encontraban en mi misma situación estaban montando sus tiendas de campaña. Yo me dispuse a montar la mía cuando ya casi había anochecido.

Mientras montaba mi campamento iba llegando más gente que también decidió acampar en aquella explanada. Así conocí a dos familias de valencianos que viajaban juntas con varios niños. Ahora me doy cuenta de que en mi verían un pipiolo que viajaba solo y en moto creyéndose muy mayor. Les sorprendió bastante mi viaje y me invitaron a cenar con ellos. Lo mismo pasó a la mañana siguiente con el desayuno, detalles que agradecí mucho en el momento de despedirnos.

Con el comienzo del nuevo día cargué de nuevo la moto y continué muy animado con mi viaje. La cosa no podía ir mejor. Alojamiento, cena y desayuno del primer día gratis. Eso me daba para recorrer mundo un día más.

Saliendo de Orio

Desde Orio fui siguiendo por la costa con dirección a Bilbao. De vez en cuando paraba y hacía alguna foto, aunque tampoco muchas. Los dos carretes que llevaba me tenían que durar todo el viaje.

Entre Zarautz y Guetaria

No dejaba de maravillarme con los paisajes que iba descubriendo a mi paso.

Ondarroa

Después de alguna que otra década viajando en moto esta es una de las zonas que más me han gustado.

Lekeitio

Iba sin prisa, parando a ver todo lo que llamaba mi atención, sobretodo vistas del mar desde lo alto y los puertos pesqueros de algunos pueblos. Por ejemplo el de Lekeitio.

Ría de Guernica

Con puntas de velocidad de 80 km/h iba recorriendo mi ruta sin una meta fija a la que llegar. Para mi esta es la forma ideal de viajar.

Bermeo

Cuando me cansaba paraba a descansar, cuando tenía hambre o sed comía o bebía algo, cuando faltaba poco para anochecer buscaba un sitio donde acampar. Así fui descubriendo lugares increíbles.

Paisajes que me sorprendían
San Juan de Gaztelugatxe

Un lugar que me sorprendió fue San Juan de Gaztelugatxe. Cuando pasé por allí por primera vez aquello estaba vacío, no había nadie. Subí hasta la ermita y ahí estuve yo solo contemplando las magníficas vistas.

Resulta cuanto menos curioso que años después sea imposible ver aquello como lo vi yo por la tremenda cantidad de personas que van allí actualmente. Miles de visitantes van ahora cada día para hacerse una foto con este paisaje de fondo. La razón de tanta visita es que el peculiar islote fue escenario en algún episodio de la serie Juego de Tronos.

Mungia
Plentzia

Poco a poco llegué a la localidad costera de Plentzia. En el camping de aquel pueblo me quedé un par de noches y desde allí hice algunos recorridos por la zona.

Plentzia

Paseando por Plentzia encontré unos chavales que se divertían tirándose a la ría desde el puente una y otra vez.

Imagino que hoy aquel grupo de chicos y chicas serán hombres y mujeres con hijos de la misma edad que ellos tenían cuando pasaban así el verano. Me pregunto si la siguiente generación se divertirá de la misma manera o es otra de esas cosas que ya no se pueden hacer.

Algorta

Alguna de las rutas que hice desde Plentzia me llevó por Algorta, Las Arenas y Portugalete.

Algorta

Entre Portugale y Las Arenas da servicio el famoso y centenario puente colgante. Me encantó montar en el con la moto en la barcaza y cruzar al otro lado. Le dio al viaje un cierto saborcillo a aventura.

Puente colgante

No me cansaba de descubrir nuevos lugares y comprobar la amabilidad de la gente al preguntar cómo llegar a algún sitio.

Castillo de Butrón

A veces, al preguntar por algún lugar, además de decirme cómo llegar me decían que no debía perderme otro que estaba por allí cerca. Así descubrí el Castillo de Butrón. Un precioso castillo de estilo centroeuropeo que por entonces estaba abandonado.

Por Santoña

Llegó el momento de seguir mi viaje y fui cruzando Cantabria por la costa.

Hice noche en Laredo y el día siguiente me pasé por algunos pueblos, como Noja o Santoña.

San Vicente de la Barquera

De camino hacia Asturias descubrí más pueblos bonitos, como San Vicente de la Barquera o Comillas.

Comillas

Ya por el Concejo de Llanes llegó la hora de buscar dónde dormir, así que cuando vi un cartel de indicación de un camping decidí seguirlo.

Me encantó descubrir aquella acampada. Se llamaba Camping La Paz, estaba poco antes de llegar a un pequeño pueblo llamado Puertas de Vidiago.

Camping La Paz

Conocí a varios moteros allí, sobre todo alemanes que viajaban con motos que por entonces empezaban a ser algo viejas ya. Ahora serían unas bonitas clásicas.

Camping La Paz

Ese camping era perfecto para pasar allí unos cuantos días de descanso.

Camping La Paz

Allí estuve yo dos o tres jornadas descansando en la playa y recorriendo preciosos lugares cercanos.

Camping La Paz

El presupuesto del viaje se iba acabando y había que seguir. Hay que tener en cuenta que además de las cosas que en aquellos años no existían tampoco tenía yo tarjeta de crédito. Tenía que ajustarme a la cantidad que llevaba en efectivo, que era lo justo para comida, gasolina y pernoctar.

Al principio del viaje pensé que me gustaría llegar hasta Galicia, pero no pudo ser en esa ocasión. Comencé a dirigirme hacia Castilla León cruzando los Picos de Europa. Pasé por sitios increíbles que me encantaría volver a visitar y fotografiar.

Lagos de Covadonga

Fue en aquel viaje la primera vez que vi los Lagos de Covadonga. Me gustó subir por aquella carretera que tantas veces había visto en la Vuelta Ciclista a España.

Los kilómetros iban pasando y Los Picos iban quedando atrás. Lo verde y fresco de Asturias fue cambiando gradualmente a lo seco y caluroso de Castilla.

Embalse de Riaño

Crucé el Embalse de Riaño, que entonces estaba recién construido y vi gente sentada en su orilla, miraban con vista perdida hacia su pueblo ahora cubierto por las aguas. Tenían un pueblo nuevo con el mismo nombre que sustituía al viejo, pero no era lo mismo. Era una imagen triste.

Casi sin fotos para hacer en el carrete de la cámara seguí devorando kilómetros. Pasé por Palencia, Valladolid y Segovia, donde hice la última foto del viaje subido en el acueducto. Algo impensable hoy en día, pero que no era tan raro en los años ochenta. Incluso no muchos años antes de esto el acueducto se usaba como puente peatonal. Era un atajo para atravesar la ciudad sin dar un rodeo.

Acueducto de Segovia

Desde Segovia comencé el regreso a casa pasando por San Esteban de Gormaz, Burgo de Osma, Soria y Utebo.

No estuvo mal el viaje para un chavalín de 19 años con una moto de 125, con un presupuesto escaso y con los medios disponibles en la época.

Este fue uno de los muchos viajes que hice con ella y se me han quedado muchas anécdotas en el tintero.

En esos viajes pasé de todo. Hambre, frío, sueño… pero también muy buenos momentos, grandes experiencias y conocí gente increíble. Puede que ahora viaje con mejores motos y más medios, pero tengo la impresión de que aquellas vivencias eran más auténticas.

Hoy, cuando alguien pregunta que si con una 125 se puede viajar se me escapa una sonrisa.

¿Que si se puede? Tan lejos como quieras.

Dioni Salavera

 

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