¿Por qué una Royal Enfield?

Esta es una pregunta que muchos me hacen. No se, ya hacía algunos años que le daba vueltas a lo bonitas que me parecen las motos de la mítica marca Royal Enfield, a lo que me gustaría tener una. Tanto lo pensé que cuando se presentó la oportunidad me hice con ella. Esta es la historia de cómo sucedió.

Todo lo que iba leyendo sobre la marca: su historia, el funcionamiento de sus motores, la filosofía de viajar con ellas, el hecho de ser la marca de motos en activo más antigua del mundo… no hacía si no acentuar mis ganas de ser el dueño de una Royal Enfield. Concretamente una Classic 500, que es la que siempre me ha gustado.

Pero ¿Por qué una Royal Enfield? ¡Si no corre y vibra! Al fin y al cabo es cierto. Hay motos igual de bonitas, más avanzadas tecnológicamente y más rápidas que esta con sus 80/90 kilómetros por hora de crucero, que es como le gusta rodar y sus 130 a tope que no le gustan mucho. Aunque esto último, dado como están las cosas es una ventaja. Es la moto anti radar. 

Pues puede que sea precisamente por eso. Por los pocos cambios que ha tenido esta moto en los últimos setenta u ochenta años. Por historias como aquella de que la marca queriendo mejorar su producto refinó y suavizó su motor eliminando vibraciones y sonoridad. El caso es que los fieles de toda la vida levantaron la mano en protesta por esa pérdida de identidad y la fábrica tuvo que contratar una cuadrilla de ingenieros para devolver a la moto algunas vibraciones y su sonido característico.

Para mi es algo así como comparar las empanadillas precocinadas de ahora, todas igualitas y perfectas con las de la abuela, irregulares y no hay dos iguales pero con aquel sabor.

Esto último me recuerda cómo los artesanos de la fábrica de Chennai pintan a mano y con buen pulso los filetes del depósito y guardabarros. Es digno de ver.

Confieso también que viendo vídeos de viajes por la India y Nepal con Royal Enfield Classic, atravesando carreteras y caminos de cabras por el Himalaya pensé: Yo quiero una moto como esa. Sencilla, pero que puede con todo.

A partir de ahí surgió el flechazo. Casi sin darme cuenta iba mirando anuncios, concesionarios, revistas, vídeos…

Si puede con esas carreteras…

https://m.youtube.com/watch?v=QKtwArXfEyc

Así fue como encontré una que me conquistó y pronto me puse en contacto con su propietario.

La moto que me sedujo

La conversación y el buen estado de la moto con muy pocos kilómetros dieron su fruto y unos días después me estaba desplazando a Castellón, a algo más de trescientos kilómetros de mi casa para ir a por ella.

Si lo que quería era saborear la sensación de una moto de las de antes estaba en el buen camino. El viaje de Zaragoza a Castellón lo hice con una Pan European 1300. Si ponemos las dos motos en una línea del tiempo una estaría justo en el extremo opuesto a la otra.

De camino a Castellón

Llegué a Castellón con algo de impaciencia. Dejé la Pan European en un garaje de confianza y un par de horas después ya estaba la operación hecha. La Royal Enfield ya era mía.

Enseguida me puse en marcha con mi nueva compañera de viajes. El pom, pom, pom de su motor y unas bastante agradables vibraciones eran tal como había imaginado. Así fui surcando con una sonrisa la N340 a 90 por hora hasta llegar a Oropesa. Me encantó.

En Oropesa hice noche. Había que cenar y dormir y allí comencé a hacer las primeras fotos a la moto.

Primera foto tras la compra

Viendo la Royal aparcada frente al restaurante pensaba en que esa misma imagen habría sido igual unas cuantas décadas atrás.

Poco antes de dormir, mirando cosas de motos en la cama como tantas veces hago descubrí por casualidad que tengo una moto con historia. Resulta que buscando pruebas de la Classic 500 en revistas me encontré esto en un test de una Solo Moto.

https://solomoto.es/comparativa-royal-enfield-bullet-500-efi-classic-500-efi-continental-gt-535/

Ahí estaba la que sería mi moto

Me quedé muy sorprendido al darme cuenta de que la moto de la prueba era precisamente… la mía! La verdad es que me hizo ilusión. Fue como comprar una moto con premio.

Se ve que el que la probó lo pasó muy bien con ella mientras la probaba.

Me gustaría conseguir esa revista en papel. Sería un buen recuerdo.

Llegó la mañana y el momento de partir de vuelta a casa.

Momento de salir hacia Zaragoza

Tenía unos trescientos kilómetros por delante en el que sería el primer viaje con esta moto. En el trayecto pensaba hacer varias fotos de la nueva máquina con bonitos paisajes que iría encontrando por las carreteras del Maestrazgo. Comarca rica en montañas, parajes únicos y carreteras reviradas y solitarias que cruzaría para disfrutarla lo máximo posible.

En el viaje hacia casa

Al principio así fue. El día no era malo y las carreteras que había elegido eran perfectas para mi Classic. Esta moto se disfruta a 90/100 km/h, no más. Ella es así y es parte de su encanto.

Todo iba bien. Suavidad de funcionamiento con sus típicas vibraciones, el precioso sonido del motor que me iba sacando sonrisas mientras lo escuchaba…

Hasta que súbitamente el tiempo cambió. Me estaba acercando al Coll de Ares cuando empezó a soplar viento muy fuerte y la temperatura cayó en picado. El día pasó de bueno a uno de esos días malos para ir en moto. Pasé mucho frío y ello no invitaba a parar a hacer fotos por las cimas más altas del Maestrazgo.

A pesar de las inclemencias me encantó sentir el tremendo par motor que tiene esta moto. En curvas cerradas al subir puertos de montaña no hacía falta reducir yendo a bajas revoluciones.

Solo paré dos veces para tomar un café mientras tiritaba en un pueblo llamado Forcall y luego en Albalate del Arzobispo. Aún paré una vez más para repostar en Lécera.

Unos momentos al resguardo del viento

En la gasolinera de Lécera el señor que me atendió se quedó sorprendido con la moto. El pensó que se trataba de una Royal Enfield antigua muy bien restaurada y casi no se creía que solo tuviera dos años.

Continué haciendo camino. El frío ya era menos, pero el viento iba aumentando. Ya no paré hasta llegar a casa. Es cierto que durante casi todo el trayecto me acordaba de la protección y el calocillo del carenado de mi Pan European, pero también me estaba gustando mucho la experiencia.

Por fin, tras horas de sufrimiento por culpa del mal tiempo llegué a casa. Dejé a la Classic junto a mi veterana compañera de aventuras, mi querida Vespa mientras yo empezaba a entrar en calor.

Me daba pereza pensar que aún tenía que volver a Castellón para ir a buscar la Pan European que allí esperaba, pero eso sería otro día.

Por fin en casa

Ya recuperado hice unas cuantas fotos más a mi nueva compañera de rutas.

Habrá opiniones para todo, pero a mi me parece más bonita cuanto más la miro.

Personalmente pienso que queda mucho más bonita sin el asiento del pasajero.

Es una moto que se disfruta mirando, escuchando y viajando con ella a ritmos muy tranquilos. Es cierto que no corre para ser una quinientos, que sus 28 caballos parecen poca cosa en estos tiempos, pero a mi me compensa por todo lo demás que ofrece. Una moto que me emociona cuando la miro en definitiva.

Al final. ¿Por qué una Royal Enfield? Pues aún después de todo lo contado no te sabría decir. El caso es que me encanta.

Ya sabes que la moto es una de las pocas cosas que no se compran con la cabeza, si no con el corazón.

Dioni Salavera.

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